Qué diferente el tiempo cuando duele.
Cuando tus manos no pueden tejerlo.

Te mueves tropezando en los escollos encontrados,
Pervirtiendo una sonrisa,
Repensando la manera de acabar antes,
De empezar con la marea.

Y luego regresas. Levantas el cuerpo y
Atisbas la corriente que quedó.

Y te descubres extraña
Que para los otros que son tuyos,
De los tuyos,
El tiempo ha circulado por meandros conocidos,

Mientras en tu tiempo ambulatorio,
Esperabas tú el descenso de los limos,
Hasta que por sus grietas derrumba el dique
Para mostrarse el agua clara y límpida,
Otra vez.

Y así vuelves a ese cauce de los otros también tuyo,
Más allá del principio,
Y eres de nuevo en ese movimiento normal
–pero qué distinto–.

De cada uno es su tiempo,
Único y sin embargo sin dueño.